martes, 23 de junio de 2026

Padmasambhava y los campos crematorios, Bahía Blanca y los nacimientos.

 





Transitando el final de la formación en meditación nace mi sobrina y hago una escapada de cuatro días a Bahía Blanca para conocerla. De entrada es tan lindo como impactante pensar que mi hermanita es madre, y consecuentemente soy tío. Todas las sociedades y grupos humanos tienen sus ritos de paso para hacer tangible la transición de la infancia a la adultez. Convengamos que hoy es más difuso pero cosas como ésta funcionan de manera similar.
Leyendo Loca Sabiduria de Chogyam Trumpa paso por el capítulo de La eternidad y el campo crematorio que cuenta un momento de la vida de Padmasambhava donde es expulsado del palacio y, luego de “haber experimentado el estado despierto y de haber conocido la sexualidad y la agresión y todos los placeres que ofrece el mundo, aún no le queda del todo claro cómo vincularse con los procesos mundanos” (Trungpa, C. 1995; p. 51). Es así que nos introduce al Vajradhara que puede entenderse como una ausencia de miedo: miedo a la muerte, al dolor, a la desgracia, etc. La experiencia de eternidad que tiene Padmasambhava implica una continuidad y armonía con el mundo, lo que se trasciende es el temor al nacimiento, la muerte, la enfermedad y el dolor, “siente constantemente, de manera viva y eléctrica que no es realmente él quien está vivo y existe, sino el mundo; por lo tanto, él es el mundo y el mundo es él” (Trungpa, C. 1995; p. 53).
Ahora bien, este momento en la vida de Padmasambhava sucede cuando se encuentra con un campo crematorio, rodeado de huesos, cadáveres en descomposición, animales rapaces, aldeas que atravesaban hambrunas y pestes donde la muerte estaba constantemente al acecho. En pocas palabras, Padmasambhava se encuentra a gusto en ese lugar por esta misma noción de estar experimentando la eternidad sin los miedos mencionados anteriormente.
Como decía al comienzo, viajé a bahía para conocer a mi sobrina, pero justo sucede que el sábado 20 (20 de junio) además del día de la bandera era el cumpleaños de mi abuela, así que fui con mamá al cementerio, estuvimos un rato ahí, dimos una vuelta por el mismo mirando las tumbas, los nichos, charlando de la trascendencia. La noche anterior volvía a casa escuchando “más allá del cementerio” de Eskorbuto y en ese momento no podía evitar cantarla. Pocos días con muchas emociones concentradas. Por lo general ya la visita a Bahía es un movimiento emocional fuerte: volver a la casa de la infancia, con la familia, el barrio, etc. Ver el cambio sobre los lugares y las personas, el tiempo pasa y deja reflexiones tan lindas como desesperantes. Ahora sumale el cambio radical del nacimiento de mi sobrina y lo tangible de la muerte que es ir a la tumba de la abuela. Hablar de la trascendencia con mamá estando ahí, bueno, creo que se entiende. Me llamó la atención poder atar todo eso.

Como pequeño adicional, respecto de esas que detienen el flujo de pensamientos y nos hacen volver al presente. Antes de ir al cementerio fuimos al chino a comprar unas cosas, allí vi un paquete de papas fritas Don Caronte que me da risa porque las auspicia el Duka y tienen una parca gigante en la tapa, todo lo contrario a las lays con messi o los chizitos con el chester. No va que en el cementerio estamos frente a la tumba de mi abuela y había una botella de tequila y tres monedas que dejó alguien (quizá la tía con la que cortamos el vínculo) pero recordé que era precisamente a Caronte a quien se le pagaba tributo para cruzar al inframundo.







"Caronte" por Gustav Doré

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