Durante el partido entre Gimnasia y Esgrima de La Plata contra Tigre tuvo lugar una secuencia cinematográfica. Fue en el bosque, el lobo de local, el lobo contra el tigre, aunque no es tanto un clásico en fútbol sí lo es en los animales que los representan.
Gimnasia lo cagó a pelotazos pero no entraba una, hasta casi el final del 1er tiempo donde un centro de tiro libre es convertido y deja tranquilidad en el entretiempo.
Sin embargo al comienzo del segundo lo empata Tigre, a partir de allí vuelve la tensión en cada ataque fallido y posición desperdiciada. Hasta que sucede lo inesperado: penal para Gimnasia (si, otro, porque hubo uno al comienzo y lo atajó el arquero de Tigre).
Ahí es donde sucede la magia: cobran el penal y aparece una nube, sólo una nube en medio del cielo despejado, que eclipsa el sol, augurando lo peor. Afortunadamente el resultado fue otro, auzmendi convierte y el lobo se pone al frente con el resultado que cerrará el partido, 2 a 1 a favor del lobo. Ganaron los caninos, ganó el bosque y perdió la selva (el delta en este caso).
Todo eso pudimos verlo por las características del estadio, se asoman los árboles por encima de la tribuna con un hermoso cielo. Eso no se puede en esos grandes estadios techados como el de Atlanta, sí seguramente será un alivio refugiarse de la lluvia o el calor extremo, pero no podés ver el cielo, las nubes, el sol o la luna, sólo la KISS CAM y otras boludeces en la pantalla. La nueva pantalla con el reloj que tampoco podemos ver porque hay una sola y nos queda de espaldas. Es el vértigo de no saber cuanto falta.
Mención aparte para un muchacho que trepó el alambrado, se sentó en un vértice donde justo está aplastado, rodeado de alambres de púa completamente oxidados, haciendo un arma de doble filo entre, justamente, el filo de la gilette y el componente biológico de la infección latente en ese óxido. Sin embargo el tipo se prendió un pucho y desde allí miraba el partido, ocasionalmente pateando el alambrado al compás de los bombos.
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