domingo, 28 de febrero de 2016

La Orden del Patov Iccah

Suena el teléfono, Hache despierta del otro lado de la puerta, sentado. Al ponerse de pié con la intención de buscar líquido bebible, se dio cuenta que no iba a poder mantener esta privilegiada posición por mucho tiempo. En lo que parecía una recreación de la evolución lineal humana pero en reversa, comenzó a descender en su postura. Primero apoyándose en la pared, luego en una mesita de luz, finalmente en el piso. Todos los puntos de vista transcurridos durante esa secuencia se superponían ahora y resultaba doloroso, confuso, nauseabundo.
"Necesitaría comer agua en.. el aire. Tomar aire, ahora. Sentar, dormir"
Un loro barranquero chilló y despertó a Hache. Intentó devolverle una puteada pero su boca estaba seca como una momia egipcia. De la misma manera en que suceden los aplausos en un recital; primero uno aislado, luego dos y de inmediato el resto, se manifestaron todo tipo de dolores. Llega a la heladera y toma la primer botella de agua en la parte de abajo. Inclinarse lo hace sentir peor. Bebe agua desesperadamente.
Vomitar.
Son las cuatro y pico de la tarde, sobre la mesa hay un plato de fideos pegados, tibios y con mucho olor a queso cuartirolo. Hache se quedó dormido de nuevo pero ahora se despierta con el timbre. F y C estaban en la puerta, lo recibieron con un comentario acerca de su aspecto, y de su aliento. Cuando se saludaron, sonó el timbre de la fiesta: dos envases colisionando.
F abre una birra, H abre el explorador de internet para poner un tema de Rick Astley. Recuerda que en la noche anterior había formulado una reflexión acerca de éste sujeto y el contenido de sus canciones pero hasta ahí llega la arqueología cerebral. En esos trucos perceptivos del momento, sobre todo teniendo en cuenta la lubricación temporal que ofrece el escabio, combinado con psicotrópicos guaraníes, se agotó la última poción de maná cuya función original habría sido la de pasar el rato. Pero a medida que se iba sirviendo aparecían nuevos candidatos para ocupar el lugar protagónico de uso. Hache recordó una en particular que decidió poner a prueba. Citó entonces aquella canción cuyo comienzo anunciaba, con el mismo entusiasmo que debió haber utilizado Arquímedes con su afamada interjección "¡Eureka!", "Encontrar la solución al problema de la resaca" y consistía en mantenerse en la joda borracha, hasta las seis de la mañana. Curiosamente el nombre del conjunto que interpretaba dicha composición era homónimo al lugar que debían dirigirse para cumplir tal cometido. Fue C quién hizo de Hermes y arrancó al Supermerk-2 para buscar más cerveza.
Mientras tanto Hache apaga el cerebro en el momento que accede al dominio cuyo requisito mínimo es la carencia total de juicio y criterio. El predominio del color azul en el sitio web le recuerda a un policía e intenta establecer patrones pero inmediatamente le duele la cabeza y recuerda los requerimientos del sitio. Su dedo índice intercambia roles con Sísifo al transitar indefinidamente por una rueda del mouse que no lo lleva a ningún destino. Los títulos son tan variados que no puede decidirse, por destacar algunos: "La noche que violaron a @Taringero Virgo", "Científicos revelan el verdadero rostro de Jesucristo", "Reite con estas imágenes, máquina."
Intentó hilvanar explicaciones para su lectura en silencio, tremenda agonía y secuelas de vacío existencial tras caer en la cuenta que lleva más de quince minutos leyendo noticias en Taringa!. Justo antes de darse por vencido recordando porqué no entraba más a Taringa!, encontró uno de los títulos más sugestivos que jamás imaginó llegar a leer en una página tan cargada de testosterona sin liberar y emergentes vellos púbicos en forma de texto al pedo.
"COMO HACER UN LANZALLAMAS CASERO, LINCE"
Ignorando la última palabra del título fue primero a los elementos necesarios para semejante artilugio. No pensó para qué iba a usar un lanzallamas, no pensó en la resaca, no pensó en su contraseña para dejarle +10, simplemente, no pensó. Le faltaban algunas cosas pero nada que no pueda conseguirse en el supermercado amigo. Antes de poder pensar si tenía una manguera de jardín convencional, estaba llamando a C para que traiga lo que faltaba, que le pagaba una vez en casa y no pregunte para qué era. Al pedo, preguntó igual, pero le cortó porque sino le consumía todo el crédito.
Gracias a que parte de los elementos inflamables eran bebibles y pegaban, el tiempo pudo hacer de las suyas nuevamente y de alguna manera, horas después, el plato de fideos seguía en la mesa pero más frío, tenían un pedo para varias personas y un lanzallamas completo, funcional, totalmente diy, y por sobre todas las cosas, pocos planes para usarlo.
Unos cuadros se presentaban en su mente intentando responder la reciente pregunta de qué estaba pasando. Uno era el de la llave en la cerradura, otro el de cruzar la esquina, otro el ver que llevaba consigo el lanzallamas.
Se detuvo
-¿Hhe k semo?
-Estamos yendo a prender fuego el club universitario y toda la gente que esté dentro
-¿?
-Exacto.
"¡Qué bueno!" pensó "El Club Universitario está acá nomás, llegamos al toque".
Efectivamente, un sonido reiterativo que parecía encontrarse en loop desde hace cuadras les indicaba que estaban en las proximidades del recinto, también lo hacían los presets de vestimenta que portaban los transeúntes.
Tal vez era suficientemente tarde como para comenzar a cuestionar sus acciones, pero el panorama que tenía frente a sus ojos resultaba tan ajeno que hasta se sintió parte de un videojuego o de una historia pedorra y pésimamente redactada por alguien que pasó mucho tiempo sin auriculares en el transporte público. Confusión pura, caos total en el accionar, jamás creyó tener tantas incertidumbres en tan poco tiempo. Si en las últimas horas todo parecía transitar como los granos de arena cayendo de un reloj roto, ahora se ralentizaba al punto de poder formular oraciones completas y coherentes, analizarlas gramaticalmente, acordarse los días de escuela y como aprendió el valor de la autosatisfacción antes que la teoría respecto al sujeto y predicado. Antes que cuestionar porqué carbonizaría tantos humanos inocentes se preguntó por los patovicas que permanecían inmóviles a pesar de que él sostenía un lanzallamas funcional.
Fueron tantas preguntas, en tan poco tiempo, que lo único remanente en su cerebro era la voluntad suficiente para accionar el gatillo. Lo hizo.
Entre tanto barullo lo sorprendió una voz grave que parecía venir de varios puntos a la vez y retumbar en un espacio abierto:
"Gracias jóven, nos has liberado de nuestro tormento."
Un sujeto desciende por una empinada colina en su bicicleta dejando que ésta acelere, al punto que los pedales giran como una licuadora. Por algún motivo acciona el freno de adelante. De esa misma magnitud fue el impacto que tuvo Hache cuando los patovicas se acercaron a paso lento transmutando en seres etéreos de llamativos colores. Esa voz, ante la cual cualquiera se volvería sumiso a su voluntad, tomándolo como líder, anunció que -Somos la orden Patov Iccah, no recuerdo nuestro propósito inicial, ha transcurrido tanto desde la última vez que pudimos transitar en libertad. Lo único que sigue aún vigente es la condena. "Sólo el fuego podrá juzgar cuando su esencia sea pura". No podíamos merodear a nuestro antojo, no podíamos enfrentar el Sol. Condenados a pretender ser la seguridad de los boliches, a ser inmortales dentro de cuerpos con vencimiento, al ver lo mismo una y otra vez. Nuestra existencia estaba limitada al reducido perímetro del bailongo. Ya no, esto es tan extraño como regocijante. Trabajaremos en la mejor manera de retribuir tu acción.-
Se desvanecieron con el característico viento de la región bahiense. Una vez que el torrente de vómito cesó pudo percatarse que se encontraba sólo en la puerta del recinto, sin nadie que obstruya su camino. Pensó en ese tipo de la bicicleta que apretó el freno e hizo lo mismo con el gatillo del lanzallamas. Pudieron haber sido tantas las canciones que acompañen este momento. Tal vez no para Hache, no eran cosas que tuviese a mano para reproducir o que sonaran dentro del boliche . Pero estaría bueno que lo haga mientras suena la marcha de las valkyrias pero ejecutado por un bajo eléctrico distorsionado, dentro de un silo vacío en llamas.

Esto fue escrito en algún momento del 2013 y editado en 2024 escuchando este disco de la maravilla death cordobesa de Othuyeg https://www.youtube.com/watch?v=TugiNIMx_eI

miércoles, 24 de febrero de 2016

una grieta en el cerebro

¿Cómo sonarán las cosas que quiero decir, fuera de su condena perpetua en pensamientos que ya caminan podridos de toparse con imitaciones o clones más jóvenes que tampoco van a manifestarse de otra manera y van a envejecer, y pudrirse, y envejecer, y pudrirse, y ..nada más?





jueves, 3 de diciembre de 2015

¿Que escriba un ensayo sobre qué? El Absurdo en la filmografía de Quentin Dupieux



Introducción

Un neumático asesino, un sujeto que acude a la telepatía canina para encontrar su perro perdido, policías que en la escena del crimen le sugieren al dueño del hogar que limpie antes de que la sangre se vuelva difícil de sacar y quede todo sucio, una cinta de vhs que sale del interior de un jabalí y sólo una niña puede ver. Esos son los protagonistas en las películas de Quentin Dupieux, quien no se conforma sólo con el papel de director, sino que trabaja como director de fotografía, compositor, operador de cámara, escritor y editor. Conocido con el seudónimo de Mr Oizo, Dupieux comenzó su carrera artística en la música por el año 1999 con un sencillo que se convirtió en un éxito inmediato por toda Europa. Desde entonces fue estableciendo su lugar como un prestigioso artista electrónico. Deberían pasar ocho años para su debut en el cine, con Steak en el 2007, tal vez su película menos descarrilada, pero que definitivamente funciona como augurio de lo que sería su estilo, un estilo marcado por una palabra clave: Absurdo. Sus películas han sido comparadas con Lynch o Fellini, pero no ha sido abordado desde la perspectiva del defensor acérrimo del absurdo y postulante de la corriente absurdista. Es aquí donde encuentro una relación clave con los escritos del novelista, ensayista, periodista y filósofo, Albert Camus, principalmente con su idea del absurdismo, expuesta en el ensayo El Mito de Sísifo.
El siguiente trabajo se presenta de la siguiente manera: Comenzaremos con un acercamiento a los postulados teóricos de Camus en El Mito de Sísifo, y las posibilidades del hombre una vez enfrentado a la absurdidad de la vida y su carencia de sentido. Le seguirá a esto una articulación entre los términos antes mencionados y distintas escenas o personajes de la filmografía de Dupieux que ejemplifiquen tales postulados. A modo de conclusión repasaremos brevemente la idea central en Camus y el elemento común en las películas tratadas.
Contenidos

Entendemos al concepto de Absurdo como al conflicto presente entre la relación del mundo y el hombre: no se encuentra particularmente en ninguno de estos, sino en su confrontación. Se puede decir que el mundo es irracional, y que se necesita de un humano para concebir esta irracionalidad.
No puede haber absurdo fuera de la mente humana. Por eso, como todo lo demás, el absurdo termina en la muerte [...] Lo absurdo es esencialmente un divorcio. No está ni en uno ni en otro de los elementos comparados. Nace de su confrontación. (MS. P.18)

Hay una distinción entre el sentimiento  del absurdo y el concepto de absurdo. El primero sienta las bases para el segundo, y se hace presente en algún momento de la vida rutinaria y mecánica donde la cotidianeidad es primordial.

Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo, es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el "por qué" y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro (MS. P. 9)

Durante esta vida rutinaria llega un punto en el que el hombre se reconoce en el tiempo. Pertenece al tiempo, y a través del horror que se apodera de él reconoce en aquél a su peor enemigo(MS. P10). El tiempo es el enemigo porque inevitablemente conduce al hombre, su tarea y su cotidianeidad, a la muerte. Cuando se percate de ello, tendrá la sensación del absurdo.
El concepto de absurdo, o absurdo del intelecto, es aquél que se manifiesta cuando el hombre profundiza su reflexión acerca del significado de la vida. Al demandar significado, orden y unidad, buscamos ir más allá de esos límites y perseguir lo imposible. Nunca entenderemos y moriremos a pesar de nuestros esfuerzos. (Aronson, Ronald, "Albert Camus", The Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2012)
De esta manera, quienes se tomen el trabajo reflexivo para ver el absurdo en la vida, se encuentran con dos opciones de evasión:
- El suicidio físico: morir voluntariamente implica que, al menos inconscientemente, uno ha divisado la ausencia de una razón profunda para vivir, la innecesidad de sufrir. Pero esto es apenas un intento de escapar al problema, no reconcilia la curiosidad del hombre con la indiferencia del universo.
- El Suicidio Filosófico: entendido como otro escape a este panorama sin sentido que consiste en vivir una constante negación del absurdo, o volcarse a la religión o la trascendencia como destino post mortem. Nuevamente esto es sólo un intento de escapar que no soluciona el problema antes planteado.
Es la situación en la que se encuentra Sísifo la que nos acerca la respuesta. Aquél rey de Corinto que por intentar engañar a la muerte fue enviado al Tártaro y condenado a empujar una roca hasta la cima de una montaña, para luego verla caer, descender y volver a subirla, una y otra vez. Camus ofrece una alternativa a los tipos de evasión antes mencionados: es la revuelta.
La revuelta Camusiana consiste de tres pasos: reconocimiento, aceptación, logro.
El reconocimiento del absurdo se da primero con el sentimiento y luego con el concepto, como se ha mencionado anteriormente. Una vez concluido, se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. (MS. P.59) El paso siguiente es el más difícil para la mayoría de las personas.
Sísifo no puede romper su destino desde afuera, sólo desde adentro. Este “adentro” es la actitud frente a un problema[...] Sísifo tiene que aceptar el absurdo a su alrededor con tal de superarlo. Camus aprovecha la falta de información sobre Sísifo para crear su propia historia respecto al hombre y la piedra. Nada parece más aterrador que trabajar sin resultados y empezar siempre de nuevo, aparentemente, sin objetivos. Este es el punto donde Camus, como un abogado, se para junto a Sísifo y trabaja en su teoría del absurdo.(Svenja Schrahé, Albert Camus and the Myth of Sisyphus, Albert Camus Society, 2011)

Nos dice Camus que cuando Sísifo abandona las alturas para volver a buscar la roca que acaba de caer, es el momento de la conciencia, una conciencia de que la tarea no puede ser realizada. Esta conciencia es la que torna esta historia en una tragedia, ¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?. Insiste en que imaginemos a Sísifo subiendo la roca con una sonrisa. Cuando lo invade la tristeza de los placeres terrenales perdidos y la tarea cíclica que le depara ahora, es un pesar que sale de lo más profundo de su corazón, lo llamó: la victoria de la roca.

La felicidad y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. [...] Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo súbitamente devuelto a su silencio se elevan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice "sí" y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. (MS. P.60)

Desarrollo

Desde su salto a la gran pantalla, Quentin Dupieux dejó bien en claro cuál era su intención, la cual podemos deducir incluso sin tener que verla, limitándonos a la trama. Nos topamos con el siguiente planteo: Un neumático con poderes psicoquineticos que merodea por el desierto de California reventando organismos vivos y objetos materiales que se cruzan en su camino. No conforme con esta premisa como único elemento absurdo del rodaje, Dupieux nos desafía cuando destruye la cuarta pantalla. No es sólo un personaje que se dirige a la pantalla y revela su conciencia de estar dentro de una película, son espectadores de la película, dentro de la película, que ven la sucesión de escenas estando a cierta distancia, con unos binoculares. A lo largo de la misma interactúan con dicho neumático.
Aunque no está explicitado como tal, podría tomarse el inicio de la película como una suerte de manifiesto. En el umbral de la misma vemos un auto que hace un recorrido muy lento, en zig zag, empujando unas sillas por un camino vacío. Una vez finalizado el mismo, se baja del baúl un oficial de policía, toma un vaso de agua que le alcanza el conductor del auto, se para frente al mismo y, a modo de locutor, anuncia el siguiente discurso:

En la película de Steven Spielberg “E.T.”, ¿Por qué el alien es marrón? No hay razón. En “Love Story”, ¿Por qué ambos personajes se enamoran enloquecidamente? No hay razón. En “JFK” de Oliver Stone, ¿Por qué el presidente es repentinamente asesinado por un extraño? No hay razón. En la excelente “Texas Chainsaw Massacre” de Tobe Hooper, ¿Por qué nunca vemos a los personajes ir al baño o lavarse las manos como la gente hace en la vida real? Absolutamente sin razón. Peor, en “The Pianist” de Polanski, ¿Cómo es que este tipo tiene que esconderse y vivir como un vagabundo cuando puede tocar el piano tan bien? Nuevamente la respuesta es, No Hay Razón. Podría seguir por horas con más ejemplos. La lista es interminable. Usted probablemente nunca se puso a pensar, pero todas las grandes películas, sin excepción, contienen una importante carga de Sin Razón. ¿Y saben porqué? Porque la vida misma está llena de sin razón. ¿Por qué no podemos ver el aire alrededor nuestro? No hay razón. ¿Porqué siempre estamos pensando? No hay razón. ¿Por qué algunas personas aman las salchichas y otras personas odian las salchichas? Ninguna maldita razón.

Más allá de la estupidez exagerada que puede sugerir el diálogo de este personaje, podemos tomar el “No hay razón” tan abundante del discurso inicial como si se tratara de un sinónimo del concepto de Absurdo de Camus, a fin de cuentas ambos nos plantean que la vida no tiene sentido, aunque uno lo ejemplifique con la constante y fallida búsqueda de explicaciones a la vida, y el otro lo haga con la predilección de salchichas entre los seres humanos, el metamensaje es el mismo.
Me parece oportuno resaltar que luego del discurso antes citado, el oficial comenta que la película a continuación es un homenaje al “No Hay Razón” y me gusta creer que todos los rodajes subsiguientes de Dupieux son, también a su manera, un homenaje al cine sin razón, a pesar de que no todos comiencen con semejante anuncio. Si bien sus películas son autoconcluyentes, podría trazarse una característica en común en todas ellas, el mencionado humor absurdo que abunda desde el comienzo hasta el final. El intento de explicación u orden secuencial lógico resulta siempre fútil, así como lo es también el querer encontrar el sentido de la vida dentro del pensamiento de Camus.
Otra de las películas, Wrong, estrenada en el 2012, comienza con el protagonista despertándose, desayunando, buscando a su perro, conversando con un vecino, a quien ve correr todas las mañanas, luego con su jardinero, con la empleada de una pizzería, yendo a trabajar y volviendo a su hogar. Parece bastante rutinario, nada extraordinario, pero ocurre que su vecino le niega haber salido a correr todas las mañanas y anuncia que se va a un lugar lejos, sólo con dos valijas. Su jardinero lo llama por teléfono pero está justo en frente suyo, intenta comunicarle un problema sobre una palmera, pero le dice que lo tratarán luego porque está intentando confirmar si el logo de la pizzería es una metáfora de la velocidad. Lo echaron de su trabajo hace tres meses pero sigue yendo y fuera del horario laboral, para llegar a una oficina donde llueve en el interior, sentarse y hacer de cuenta que trabaja con una computadora desconectada. Luego de esto llega a su hogar y el jardinero le explica finalmente lo que ocurre con la palmera, se transformó en un pino. Le ofrece la solución de reemplazar el pino por una palmera, a lo que responde afirmativamente, y añade “este árbol no puede estar aquí, no tiene sentido.”
Frente a esta invasión de eventualidades bizarras (en el sentido contemporáneo de la palabra, como hecho estrafalario) lo único que le parece carente de sentido a este personaje es tener un pino en su patio. Ni siquiera la rutina que sigue todos los días; levantarse, desayunar, darle de comer al perro, ver al vecino trotando, conducir al trabajo, etc, le despierta el sentimiento del absurdo, que podría llevarlo a chocar con el mundo y toparse con el concepto de absurdo. Su acción va tan a trasmano de este planteo que incluso continúa yendo a trabajar aunque lo hayan despedido tres meses atrás.
A pesar de ello, nuestro protagonista, Dolph, resulta ser el personaje más racional cuando lo enfrentamos con otros sujetos de la película. Tal vez sea esta misma racionalidad la que lo aleja del cuestionamiento por el sentido de su vida.
En un momento determinado, el vecino que negaba salir a correr todas las mañanas, llama al protagonista Dolph desde el auto detenido en medio de un desierto y tienen el siguiente diálogo:

-¡Mike!
-¡Dolph! ¿Puedes escucharme?
-Sí, ¿Dónde estás?
-No sé, en algún lugar. Ignoré todas las señalizaciones. No dormí desde que me fuí, sólo conducí y conducí...debo de estar bastante alejado. Estoy cansado Dolph, creo que estoy en el fin del mundo.
-¿Y te gusta?
-No lo sé aún. Para serte sincero, es un tanto inquietante, sabes, todo este vacío. Pero, también es relajante. No hay nada, es...es analgésico.
-Puedo imaginarlo…
-Si, bueno, me dio tiempo para hacerme preguntas sobre mi mismo, sabes.
-Bueno, bien. ¿Qué tipo de preguntas?
-Ya sabes, preguntas personales, profundas, absolutamente profundas, como..¿Porqué está este bloqueo, digo, sabes a lo que me refiero.
-No, no lo sé.
-Si sabes. Este bloqueo que tengo... esta tontería sobre correr. ¿Porqué no puedo admitir que corro? ¿A qué viene eso, Dolph?  Pienso en eso todo el tiempo, digo, ¿Porqué?, ¿Porqué hago eso? Me carcome constantemente, pero no puedo evitarlo.
-Entiendo, no hay vergüenza en correr, no pasa nada.
-No corro, lo juro, odio correr, siempre lo hice. ¿Me crees?
- Si, te creo Mike, no te preocupes, ¿Dónde vas?
- Creo que solo voy a conducir hacia adelante, quiero ver qué hay después.

Tomemos esta preocupación que tiene Mike respecto a salir a correr y apliquemos la idea de evasión camusiana antes mencionada. Parece ser que el vacío del desierto en el que se encuentra puede referir a una metáfora del vacío existencial, el punto al que uno llega cuando despoja de sentido a todos los elementos de su vida y lo invade el absurdo. Vemos que en lugar de aceptarlo y hacerse cargo de su vida, en términos Heideggerianos, de vivir una vida auténtica, intenta evadirlo con esa útlima negación: No corro, lo juro, odio correr, siempre lo hice. No sólo eso, sino que busca respaldo preguntando nuevamente si le cree que jamás ha salido a correr.
Pasemos ahora a Wrong Cops, estrenada en el año 2013, nos muestra la rutina de varios policías que personifican el abuso de autoridad de todas las maneras posibles. Uno de ellos dispara accidentalmente a un vecino y, al planear cómo deshacerse del cadáver, se percata de que aún está vivo, y a partir entonces tiene que lidiar con este hombre moribundo y desganado. Dos factores lo mantienen vivo. El primero es que dejó la canilla de su hogar abierta y se preocupa por la cantidad de agua que está desperdiciando, el segundo es la música que escuchan los policías, en particular las melodías compuestas por el Oficial Rough. Este último está convencido de que su última composición es un éxito asegurado, tal es el caso que se dirige a una multinacional para presentarla. Tras recibir la noticia de que su canción es una porquería y bajo ningún caso van a producirlo, se dirige a su casa y se introduce vestido en la bañera llena de agua con la intención de suicidarse… disparándose. Nuevamente aquí vemos a un sujeto que choca con el mundo, se encuentra con el absurdo y decide evadirlo pero esta vez acudiendo al suicidio físico. En el momento que rechazaron su canción experimentó el absurdo y no pudo tolerar la ausencia de sentido en su vida. Camus plantea que el suicidio no es un fenómeno social, sino que se gesta en el silencio del corazón, incluso si el propio suicida lo ignora. A pesar de lo trágico de esta situación, donde podemos imaginar al Oficial Rough meditando y reflexionando sobre su vida sin éxito comercial en la música, intentando rescatar un esbozo de sentido en los lugares más recónditos de su existencia, no termina suicidándose, sino que se queda dormido en la bañera y lo despierta un llamado del Oficial Duke (el único que lo vio tirado en la bañera con un revólver) diciendo que si lo llega a ver nuevamente en una situación de “semejante debilidad homosexual” va a ser él mismo quien le dispare.
Por otra parte, este no es el caso del Oficial Sunshine, a quien no hemos introducido hasta el momento a pesar de que juega el otro papel protagónico de la película. Se trata de un oficial mediocre que se descarga con niños y discapacitados como una muestra de su resentimiento y debilidad. Tiene una esposa y una hija que son su escape del absurdo, quienes le dan un sentido a su vida, incluso si este es un tanto forzado. Tal vez no pueda hacerse cargo de su vida pero sí es el primero que intenta resolver el tema del vecino moribundo con la intención de saldar una deuda económica con el Oficial Duke, deuda que se resuelve al instante, cuando encuentra un bolso con 13.000 dólares en el patio de su hogar mientras cavaba un pozo para descartar al vecino. Cuando parece que todo marcha cuesta arriba para este nuevo Sísifo, recibe un llamado de un sujeto que se enteró de su reciente y afortunado hallazgo, y lo extorsiona pidiendo la suma de dinero, amenazando con mostrarle a su hija unas fotos de una revista homoerótica donde aparecía sodomizado por convictos. Sin titubear accede y cambia la suma de dinero por esa revista que contenía las imágenes. Cuando llega a su hogar, en un arrebato de furia, arroja la revista al basurero de la vereda y se pone a cavar en el patio con la esperanza de repetir su suerte y encontrar otro bolso con dinero. Aunque el primer hallazgo es de su hija y es precisamente la revista que intentó ocultar por una suma de trece mil dólares. El segundo hallazgo lo realiza cavando y es una bolsa con herramientas de jardín. Cuando su hija se dirige al patio y le pregunta por la revista que sostiene en su mano, el oficial  Sunshine, nuevamente sin titubear, alcanza a decir “oh no” un par de veces, antes de clavarse una de las palas de jardinería en el cuello y suicidarse. Esta vez parece que el suicidio no es tan premeditado como el caso del oficial Rough, pero si seguimos el pensamiento de Camus, podemos imaginar a Sunshine considerando la posibilidad de suicidarse en caso de que su hija se familiarice con el contenido de la revista, perdiendo de esta manera el único sentido de su existencia. En esos escasos segundos mientras exclama “oh no” y a su vez se para ante el vacío existencial, opta por no tomar las riendas de su vida, evitar la confrontación con el mundo sin sentido, el escape más inmediato que casualmente tiene al alcance de la mano. Lo único que encontró durante ese último intento de hallar dinero, fue el objeto que le facilitaría dicho método de evasión.
Durante el funeral de Sunshine, el oficial Duke se encuentra bajo los efectos de los narcóticos que comerciaba, los mismos que en un primer momento dejaron en deuda al difunto. El jefe de la policía hace un discurso sobre el alma de Sunshine, que debería de estar dirigiéndose al infierno por haberse quitado la vida. Entra en discusión con otro oficial por la manera en que debe saludar, si es hacia arriba, que es más poético y simbólico, o hacia abajo, que correspondería debido a la ubicación del infierno. Duke interrumpe para aportar su opinión. “Creo que tenemos una idea equivocada del infierno,” anuncia, “así como tenemos una idea equivocada del paraíso. Soy cristiano, pero aprendí a no creer en las cosas que nos dicen los viejos libros. Hay que leer entre líneas y descifrar, porque en realidad, el infierno es acá, este mundo en el que caminamos, en el que vivimos todos los días, es el infierno. Nos rodean llamas invisibles, no pueden verlas, pero nos rodean y nos queman, sólo que no nos damos cuenta. Somos esclavos miserables de la naturaleza. Creo que… creo que Sunshine fue a un lugar mejor, que nosotros somos los muertos y él está vivo, lloremos por nosotros, que estamos en el infierno.” Tras este poético anuncio, y un pesado silencio, Duke remata “wow, ese sí que fue un viaje, estoy muy drogado.” Incluso con esa última declaración, la viuda de Sunshine va a felicitarlo y expresar su conmoción por el discurso. Dice que le encanta esta teoría de la presente vida en el infierno, dado que nos permite ver a la muerte de otra manera. Esta declaración nos permite traer a colación el suicidio filosófico, aquella vía de escape de la realidad absurda que consiste en vivir esta vida con esperanza hacia otra situación mejor una vez muerto. Fue un impacto tan grande en la viuda de Sunshine que insiste al oficial Duke en que debería escribir un libro sobre dicha teoría. La viuda y su hija se retiran tras varios intentos fallidos de que el oficial entienda el mensaje, y éste se queda en el cementerio, declarando “pff... que escriba un libro… ¿Escribir un libro sobre qué?” un ciervo aparece y realizan un cruce de miradas, el oficial llama su atención y repite la frase tres veces, gritando. Y el ciervo no está.
Por último tenemos al largometraje más reciente de Dupieux, cuyo título es casi un presagio y el primer chiste con el que nos encontramos, “Reality” (Réalité en su idioma original).  Si tenemos que decir en qué consiste la trama, podríamos resumirlo como el primer intento de un camarógrafo por dirigir su película de terror, para ello acude a un productor con el que solía trabajar de secretario y este le dice que financiará su película si Jason, nuestro camarógrafo aspirante a director, consigue el mejor grito en la historia del cine dentro de un lapso de cuarenta y ocho horas. Pareciera ser un argumento bastante débil como para mantener un rodaje de una hora y veinte minutos, pero la verdad (o realidad, si quisiéramos jugar con la redundancia) es que apenas vemos que esto suceda. Si bien es cierto que una vez ocurrida la propuesta Jason no deja de lado su grabador y se incursiona por todo tipo de lugares buscando inspiración para el mejor grito en la historia del cine, nos vemos constantemente bombardeados por un sin fin de situaciones absurdas que, por costumbre, intentamos conectar una con la otra hasta que en un punto de la película nos percatamos de que es un intento inútil. Incluso teniendo en cuenta las películas previas de Dupieux o el guiño del título, se nos hace inevitable tratar de unir las situaciones que vemos en pantalla.
Al menos esa es la línea siguiendo a uno de los protagonistas, la otra es una niña cuyo nombre es Reality, nuevamente el guiño, que encuentra una cinta vhs en el interior de un jabalí cazado por su padre e intenta ver qué hay en su interior, todo esto mientras un director de documentales filma su día a día, incluso mientras duerme.
Si el absurdo en las otras películas de Dupieux estaba presente pero esporádico, aquí es un abuso. Comencemos por una escena familiar, donde Reality está cenando con sus padres y les comenta haber visto una cinta vhs salir del interior del jabalí que su padre estaba diseccionando. Desde luego, que ellos, como seres adultos y racionales, le responden que es imposible para un jabalí tragar una cinta, que probablemente sea todo producto de su cansancio. Cuando su madre la acompaña a la cama y lee un cuento antes de dormir, resulta estar leyendo el guión de lo que acaba de transcurrir (una niña que piensa su día en retrospectiva, convencida de haber visto la cinta salir del cerdo y que luego esa noche, la niña tendría pesadillas). La siguiente escena es un equipo directivo mirando a Reality acostada hasta que se duerme, mientras tanto el productor sostiene que no es necesario filmar todo el lapso temporal hasta que verdaderamente se duerme, sino que se trata de una película y pueden hacer cortes para ahorrar cinta y dinero. Zog, el director de documentales, dice “Es un momento crucial, ahora se duerme y ahí comienza su pesadilla”. El productor se retira para recibir una visita, el aspirante a director que se hace presente para anunciar su proyecto. Luego de un curioso desarrollo durante el cual este productor se contradice constantemente en sus acciones y no deja de interrumpir a Jason (ofrece cigarrillos y luego lo apaga porque se siente incómodo al ver como fuma, sugiere ir afuera para hablar más tranquilos, luego entran para sentarse, abre las ventanas por el olor a humo, etc.) hace su oferta: producir la película si Jason puede lograr el mejor grito en la historia del cine. Justo cuando van a estrechar sus manos, suena el teléfono y el productor atiende antes de lograrlo. De todas maneras Jason se retira muy alegre, festejando dentro de su auto, uno interpreta esto último como un suceso insignificante, que no se hayan podido estrechar las manos es meramente una formalidad, se da por hecho que el trato quedó consolidado, sobre todo después de ver los reiterados intentos del aspirante a director con su grabadora día y noche. Pero creo que es un momento clave de la película, dado que más adelante Jason se encuentra muy estresado por la dificultad que presenta la tarea del grito, principalmente debido a un excesivo criterio selectivo. Decide ir al cine para distenderse y es ahí que se encuentra con que su película, aquella cuya idea sólo había esbozado oralmente con el productor y que éste último financiaría siempre y cuando esté presente el grito ganador del Oscar, estaba siendo proyectada en ese mismo momento. Tras confirmar que efectivamente se trataba de su idea tal como la había contado, llama al productor. Inmediatamente vemos una escena igual a aquella donde estaban acordando el trato, sólo que ahora la oficina del productor está en un bosque, el mismo bosque donde comienza la película, escuchamos el mismo diálogo, y justo cuando extiende su mano para estrecharla y cerrar el trato, suena el teléfono. Es Jason, el productor le comenta al Jason que se encuentra junto a él “Es extraño, eres tú llamándome por teléfono”, sigue Jason por teléfono “Pasó algo terrible, no sé cómo explicarlo. Se trata de la película, hay un gran problema. Puede sonar loco, pero acabo de ver mi película en un cine, con público, la película existe, Bob. Además, es muy mala.” El productor se dirige al otro Jason, el que está justo en frente suyo “Dice que vio a su película en el cine, bueno... tu película… y es muy mala” a lo que este responde “ah, sí, tuve exactamente el mismo sueño anoche, veía mi propia película e intentaba detenerla.” Nuevamente el productor toma el teléfono y se dirige al otro Jason “Escúchame, Jason, no te asustes. Estás en una pesadilla, nada más. Relájate, trata de pensar en otra cosa, y te despertarás.”  
Esta situación es uno de los pilares para comenzar a esbozar la idea de un sentido cíclico, situaciones que se repiten con ligeras variaciones pero el mismo contenido, al igual que la roca de Sísifo, tal vez tenga menos o más partículas que pierda o recolecte en su tramo de ascenso y descenso constante, pero siempre cumple la misma función. Está en Sísifo o en Jason dejar ganar a la piedra o a la repetición de secuencias y no salir de la tragedia que enmarca esta situación. O apropiarse de esta y transformarla en su pertenencia. Justamente al final de la película volvemos a la oficina del productor, ambos salen a la calle repasando los términos establecidos para financiar la película. Nuevamente no llegan a estrecharse las manos, pero esta vez no es por el teléfono, sino porque Jason parece retractarse de extender la mano, se vuelve sobre sí, entra en su auto sonriendo y suelta un “¡SI!” como si estuviese celebrando la posible financiación de su película y, a su vez, la continuidad de aquél destino que le es propio.
Las situaciones analizadas anteriormente no agotan las posibilidades de interpretación dentro de estas películas, tampoco era esa la intención, sino más bien mostrar claros ejemplos de los términos filosóficos camusianos abordados al inicio de este ensayo.
Son estas situaciones las que nos permiten ver cómo el Absurdo es el punto fuerte y recurrente en las películas de Dupieux. Me gustaría aplicar un término literario para caracterizar los rodajes de este director, es el de “Cáscara Vacía” (empty shell). El mismo consiste en dejar a los personajes vacíos de detalle descriptivo para lograr una identificación más fácil en el lector. En este caso, lo que carece de descripción es el mensaje de la película, por decirlo de una manera. No hay elementos que nos condicionen a deducir y quedarnos con una única interpretación, sino que cada espectador elaborará su propia lectura de la misma en base a diversas cuestiones como pueden ser la cantidad de veces que vea la película, la formación académica que le otorgue elementos de análisis, si siente identificación con alguno de los personajes, etc. Además es una característica que permite ver las películas reiteradas veces casi con una intención lúdica de buscar alguna interpretación que hayamos pasado por alto durante las ocasiones anteriores. Así y todo, me gustaría concluir citando a Camus con una perspectiva muy acorde al elemento más inherente en las películas de Dupieux, la ausencia de sentido.
Anteriormente se trataba de saber si la vida debía tener un sentido para vivirla. Ahora parece, por el contrario, que se la vivirá tanto mejor si no tiene sentido. Vivir una experiencia, un destino, es aceptarlo plenamente. Ahora bien, no se vivirá ese destino, sabiendo que es absurdo, si no se hace todo para mantener ante uno mismo ese absurdo puesto de manifiesto por la conciencia. Negar uno de los términos de la oposición de que vive es eludirlo. Abolir la rebelión consciente es eludir el problema. (MS. P28)

Bibliografía:
- Camus, Albert. El Mito de Sísifo. Editorial Losada Buenos Aires. 1981.
- Svenja Schrahé, Albert Camus and the Myth of Sisyphus, Albert Camus Society, 2011
- Aronson, Ronald, "Albert Camus", The Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2012
- Cline, Austin. Absurd and Absurdity Themes and Ideas in Existentialist Thought
-  Duarte, Ricardo. El Absurdo de la existencia en Albert Camus. 2014


Películas tratadas:
- Rubber. Quentin Dupieux. 2010
- Wrong. Quentin Dupieux. 2012
- Wrong Cops. Quentin Dupieux. 2013
- Réalité. Quentin Dupieux. 2014
Referencias: MS= El Mito de Sísifo, Albert Camus, Editorial Losada Buenos Aires. 1981. Las citas son una verga porque acá en blogger no se como se usa el pié de página, el original es más lindo.

jueves, 9 de abril de 2015

Control de natalidad

Durante el gobierno de facto del general sijsdjisd se intentó imponer un control de natalidad sobre aquellas poblaciones compuestas principalmente por familias numerosas que resultaban ser, en la gran mayoría de los casos, aquellas no integradas completamente a la vida en la ciudad, producto de su forma de vida rural y auto suficiente. El censo del pasado año determinó que un gran porcentaje de estos individuos no ha utilizado nunca un ordenador, televisor, escalera mecánica, tuvo acceso a internet o teléfonos móviles. Estaban familiarizados con los automóviles, algunos de ellos los utilizaban para sus trabajos diarios. Pero cada uno y a la vez todos los rostros dejaron en claro que jamás habían visto aquello que trajeron con sigo los trabajadores sociales y militares del estado para, según su anuncio: "regular la periodicidad con que se sumen integrantes a las familias", eran una suerte de bolsa, como la del supermercado, pero más aceitosa, pequeña y elástica. Tras dejar un gran cargamento de ellas y procurar que cada hogar tenga su cuota, se retiraron.
Tiempo después volvieron con la intención de realizar la primer observación del recientemente implementado método para controlar la natalidad. Respecto a las cifras, los resultados superaron las expectativas, el número de infantes se había reducido considerablemente, aunque no con la lógica que era esperada. Tras entrevistar a varias personas y recibir testimonios como "(las bolsas)funcionaban a la perfección, el bebé no podía respirar jamás una vez que se le aplicaba la bolsa a la cabeza" y que "el hecho de que sea aceitoso hace de su manipulación mucho más fácil" decidieron abortar inmediatamente el proyecto.
Desde entonces se han utilizado píldoras y castraciones para regular, ocasionalmente, los nacimientos en...ahí donde pasó todo esto.

sábado, 26 de julio de 2014

El feng shui de los loros barranqueros

Uriel volvía del cable donde se juntaba con sus amigos después del laburo. Allí trataban diversos tópicos de conversación, imponiendo cada uno su verdad absoluta.
Javier se encontraba camino a su hogar tras haber tomado un café con sus compañeros de entrenamiento.  No recordaba bien qué habían conversado, tampoco le interesaba como para preocuparse por ello.
Uriel desciende su vuelo para ingresar en la cueva que tiene como hogar, justo debajo del famoso “mirador” bahiense, el barrio de los loros barranqueros. Uriel es un loro.
Javier dobla en la esquina para enfrentar su hogar a una cuadra de distancia, en el límite del barrio Palihue. Javier es un ingeniero civil.
Uriel ingresa a su hogar y recuerda el tópico de conversación recientemente abordado: Feng Shui. Repentinamente la organización de los muebles en el hogar le parece de mal gusto, ajena, al punto en que lo hace sentir incómodo. Decide solucionar el inesperado problema.
Javier ingresa a su hogar y recuerda el chiste que tenía que contarle a su mujer. Se encamina emocionado a la habitación, la encuentra acostada, dormida, con un hombre desconocido al lado, desnudo, dormido. Decide solucionar el inesperado problema.
Uriel toma con el pico aquel grano de arena cuya utilidad dentro de la casa era de mesita de luz; mientras que fuera de la casa era este granito de arena el que sostenía en balance perfecto al resto de los componentes del barranco. Quitar de su lugar a este ínfimo granito de arena implica el derrumbe del mirador, junto con los cimientos de las construcciones situadas encima del mismo.
Javier levanta el hacha, Uriel levanta el pico.
Las rocas caen, el cemento cruje, los loros huyen,  los perros ladran pero no saben a qué, los vidrios se rompen,  Javier se tambalea y cae junto con su hogar, su mujer  y aquél con quien lo engañó.  Caen los cuerpos y encima de ellos los ladrillos, la tierra, las rocas, los perros y los postes de luz.
El feng shui acomodó la casa de Uriel y la de Javier.

                     Imagen tomada desde arriba de la casa de Uriel y en frente de la de Javier.

sábado, 28 de junio de 2014

Genes Kan





Estando de compras re chino en el chino llegué a pensar que tal vez, en una de esas, podía llegar a tener algún gen mongol rondando en el cuerpo. Llegué a esta formulación teniendo en cuenta que un gran porcentaje de gente tiene el cromosoma Y de Gengis Kan y, dado que nunca gané ni un sorteo, ni una rifa, ni me ocurrieron grandes cosas por suerte, de esas que decís ¡Fuí el único en un millón! Tal vez... era este el motivo por el que no ganaba un choto, era uno de los pocos que hoy día conservan genes del fundador del primer imperio mongol.

Supongo que si algún día empiezo a romper todo, encolerizado, será el resultado de años de resentimiento porque los chinos construyeron un paredón enorme para que no pasen los mongoles.

martes, 22 de abril de 2014

El quiebre de lo ulterior


-Ahí estás hijo de puta, te voy a romper la cabeza-.  Pero el mosquito parecía haber ignorado la amenaza de David, quién lo estampó  en una pared blanca con una fuerza exagerada.

-¿Qué onda con el mosquito?-  preguntó  Oscar tras un silencio funeral
-Me despertó, estaba soñando que se aproximaba un bombardero Stuka-
-¿Y?-
-Era el mosquito…-
-¿Qué cosa?-
-¡El avión, boludo!-
-Ahh… ahí va. Che,  ¿Dónde están los lillos?-
-Uh, tenía que comprar. ¿Vamos? Tengo una tuca por acá-
-Dale, piola-.
El contacto con el exterior fue violento, como un trago de kerosene al despertar de un profundo sueño. El sol quemaba, el calor trepaba,  todo tenía muchos colores. Camino al almacén David pensó sobre cuestiones emergentes que demandaban atención aunque no la merecían, menos aún en un momento como este. Se cuestionó si debería contárselo a Oscar, pero no era el momento. Aunque Oscar sabría qué hacer en tal situación, no lo iba a preguntar ahora. Tal vez hablar sobre el tema aligeraría el creciente peso que estaba tomando, como un pequeño espécimen de hipopótamo al que todavía le quedan kilos por desarrollar. Finalmente se abstuvo de compartirlo porque tenía la boca muy seca como para hablar.
Oscar, por su parte, confesó que no podía pensar en otra cosa que comidas, todas las que pueda conseguir en una pequeña despensa de barrio como aquella a la que se dirigían.
Se acercaba el solsticio de otoño, lo que significaba un anochecer más temprano. David se sorprendió al ver su reloj y luego las últimas tinturas del Sol en las nubes que parecían reptar por sobre una bóveda desde el horizonte. Intentó recordar aquella película donde una puesta de Sol muy artificial parecía incentivar las conversaciones existencialistas de los protagonistas. Recordó los actores, el director, pero antes de poder recordar el título se encontraban dentro de la despensa. Evidentemente el proceso llevado a cabo para intentar recordar aquella película dejó exhaustas a las pocas neuronas remanentes, dado que la pregunta dirigida por quién los atendió se sintió tan ajena como la lógica de los logaritmos la primera vez que se lo explicaron. Sólo una mente tan afectada puede poner en el mismo escalón de dificultad las preguntas “Hola chicos ¿Qué necesitan?” y “¿Qué es la fuerza de rozamiento cinético?”. Sintió, por sobre todas las cosas, una intensa necesidad de hidratarse. Envases, cierto, iban a comprar birra y comida.
-Bueno ¿Algo más?-
Y en un ataque de iluminación, como una teofanía, la gran incógnita fue revelada.
-¡Ahh!  Si, unos OCB negros.- Respondió David, con aires de una lucidez que evidentemente escaseaba. Fue todo un trámite muy complicado, en retrospectiva parecían simplemente unos minutos, pero sólo ellos experimentaron el suplicio de llevar a cabo uno de los formularios sociales teniendo en cuenta las condiciones en que se encontraban.
Oscar llevaba las cervezas, por un momento pensó en las consecuencias de soltar el envase frente al próximo auto que pase. Era consciente de que rompería mucho las pelotas, prefería gastar el resto de su vida en otra cosa, no sabía qué, pero otra cosa. De todas maneras se colgó al invertir total concentración observando como en su mente ocurría tal acción. La secuela de la misma era algo así como un ruido fuerte, líquidos varios, vidrio contra vidrio estallando y enviando montones de esquirlas a un rostro desprevenido cuya composición variaba a medida que los pequeños trozos de vidrio rozaban las facciones de su cara.
Había leído algo de eso, no recordaba cómo se llamaba, pero se trataba de las acciones que podrías pero no deberías hacer; como, por ejemplo, cuando te encontrás en el cine y sabés que se pudre todo si te levantás, te ponés a gritar cualquier boludés y orinás a los que te rodean, pensás tanto en el momento como en las cosas que precipitarían todo con una mínima acción. “Capaz David sepa como se llama es…
-¿Y?- Preguntó David, antes de que Oscar llegue a terminar de formular la oración en su mente
-¿Eh?-
-¿Te querés quedar a comer hoy?-
-Ah, dale. -
Más tarde volvieron al mercado pero no fue una gran secuencia, simplemente un trámite y nada más. Comieron un risotto con montón de verduras que probablemente estaban ya vencidas hace varios días, en un momento David le preguntó si no le molestaba que hubiesen expirado, a lo que respondió - ¿Pero vos te pensás que Hércules guardaba las cosas en la heladera? ¿Te pensás que los homo sapiens arcáicos se preocupaban por las pequeñas manchas de humedad del pan viejo?  ¡Todo bien!-
Durante la cena fueron más palabras de la banda instrumental que sonaba de fondo que las emitidas por cualquiera de los dos. Oscar estaba muy concentrado comiendo sin ahogarse. David se sumió en una mirada introspectiva y cuestionó varias de sus últimas acciones, intentando pronosticar y creer las mejores posibilidades comenzó a deprimirse un poco por la mayoría de ellas. En ningún momento sintió el ímpetu que esperaba, ese impulso positivo para salir y cambiar las cosas; para nada, todo lo contrario, mientras más pensaba, más se hundía en un océano de alquitrán lleno de cuervos que repetían las mismas preguntas, las que no quería oír, respirar duele y lo que una vez fue la ilusión de una luz ahora está carbonizado y con olor a podrido. Su resolución fue ir a armar otro.
Caminando por una cálida noche, un tanto inesperada por la época del año, la voz de Oscar dejó en segundo plano a los pocos ruidos que se manifestaron. -¿Te acordás cuando rompí un abrelatas por intentar abrir una lata de salsa que tenía una argolla?-
-Jaja, si, qué pajero.  Fue el día del último ensayo ¿no?-
-Creo que sí, sino por ahí andaba-
Y entonces David comenzó a recordar, fue entonces cuando las cosas empezaron a andar mal. Había pasado un tiempo considerable y, en realidad, no estaba todo tan mal. El problema era, más que nada, la incertidumbre por cosas cuya posibilidad de modificación disminuía con cada día que pasaba. Todo durante una contradicción constante en donde el tiempo no pasaba nunca pero cada vista en retrospectiva era para infarto. No entendía como el tiempo pasaba tan rápido sin siquiera sentirlo, sin sentir otra cosa que ocasionales resacas o ganas de comer.
Una vez en la esquina de la casa de David, se acomodaron como quien va ansioso al cine para deleitarse con las formas de vida que circulaban por la calle, destapando una cerveza y encendiendo el que habían armado “de postre”.
Después de unas caladas y un trago de cerveza, David pensó que en realidad no era tan trágico, algunas cosas eran secuencias que ya habia vivido. Tal vez la solución al resto de los problemas era pensar menos y activar más. Estaba a punto de contárselo a Oscar, cuando se sorprendió al ver una de las últimas cosas que esperaba. El reflejo de una luz azul intermitente en las superficies que se encontraban frente a él estremeció hasta el más encarnado de sus pelos del culo.
Todo ocurrió tan rápido. El patrullero se detuvo, un oficial se bajó del mismo con una cara de no muy buenas intenciones. Se acercó hacia David y Oscar, las pulsaciones de éstos como las luces del patrullero. Justo en la esquina de la casa, por salir a ver los autos, pudiendo haberse quedado escuchando música desde youtube, mirando Titanic o cualquier cosa que enganchen en la tv. En la esquina,
-Documentos-
-Sí, acá, tomá…-
Ahora era el ruido de un envase  roto, líquido y vidrios salpicando. Una gorra que representaba autoridad golpea el asfalto teñida en sangre, luego lo hace el cuerpo que la portaba. La mandíbula se quiebra con el impacto, a continuación brota la sangre que se abre paso por las canaletas de las baldosas presentes en esa vereda.
Ahora David logró lo que quería, dejar de pensar.
Dos portazos del patrullero, se pone en marcha, apaga las luces y arranca.