viernes, 25 de julio de 2025

Semifinales del torneo bahiense

Tengo la fortuna de estar en Bahía Blanca para ver a mi querido club Napostá jugar la final del torneo frente a un digno rival como lo es Olimpo, el club más ganador del torneo local. 
Esto tendrá lugar el lunes 28 de Julio, pero ocupa esa plaza luego de haber dejado atrás a Pacífico ganando dos partidos seguidos (considerando que pasa el mejor de tres partidos). Ambos partidos pude verlos y fueron alucinantes.
Comencemos por el comienzo, como diría un amigo. El pasado lunes se enfrentaron en el Antonio Palma, el estadio de Napostá, y allí fuimos con mi padre a ver el partido abajo del aro, junto a Nico Muzzi, el padre de Guido, pieza clave en el plantel de primera división. La cancha estaba llena, al igual que mi orgullo de atestiguar semejante evento. Recuerdo hace un tiempo hablar con mi padre respecto del entusiasmo perdido por el básquet en el público bahiense. Por un lado, imágenes de un Norberto Tomás (la cancha de Olimpo) explotado de gente porque éste último jugaba la liga nacional, independientemente si eras hincha, la presencia se justificaba sólo por ser parte de ese espectáculo. Por otro lado, un partido de Bahía Basket contra no recuerdo que equipo, también por liga nacional, en el Dow center, con apenas diez personas. Un gran contraste que abrió conversaciones buscando alguna respuesta ¿Será porque ahora hay más distracciones y formas de entretenimiento? ¿Será que ahora si no es NBA no produce un entusiasmo genuino? ¿Será la identidad de Bahía Basket y su estadio que no terminan de representar a la ciudad aunque lo intenten con un nombre tan sugestivo?. No llegamos a ninguna conclusión, el punto acá es que el otro día el estadio estaba hasta las pelotas, con bombo y todo. Recordemos que Pacífico es originalmente un club de fútbol, de los más viejos del país, con lo cual llevaron sus trapos e hinchada y, más allá de que sean rivales en esta ocasión, fue un aporte significativo para ese folclore. 
El partido estuvo buenísimo, hubo un sólo momento al comienzo donde Napostá estuvo cómodo con 8-10 puntos arriba del marcador, luego fue todo palo a palo. Arriba Pacífico por 2, luego Napo y así fueron pasando los minutos. El verde tenía una defensa fuerte que se adueñaba de todos los rebotes, tanto defensivos como ofensivos, lo cual le daba por supuesto mucha ventaja ante los tiros errados de ambos bandos. Además el aguante de la barra se hacía notar cada vez que recuperaban y anotaban, algo más que obvio y evidente pero hace la diferencia todo ese barullo a tu favor. A menos que, desde luego, no tengas sangre en las venas y te interpele más un show de medio tiempo de un cantante genérico con cuatro malabaristas y un torneo de volcadas con un auto prendido fuego, que una hinchada alentando a su equipo con algo más que un "DE- FENSE" coordinado por unas pantallas led.
 El final del partido fue de película, Napostá arriba por dos puntos, comete una falta muy dudosa ante el ataque de Pacífico, el tirador emboca los dos, partido empatado con poquísimos segundos en el reloj. La jugada lógica era que el tiro sea lo más cerca posible del aro y que venga de Guido Muzzi quien transmite mucha seguridad con el tiro a larga distancia. Esto era algo que consideraba Napostá, por supuesto, pero también Pacífico, así que Guido tenía una falange griega de jugadores. Por lo tanto, quien recibe la pelota fue Leo Alemañy, quien en dos segundos (Literalmente dos segundos) recibe, se acomoda un poco y tira. La pelota entra y recibe un foul. Napostá gana por dos puntos y todo es regocijo.

El segundo partido sucede en el William Harding, la cancha de Pacífico. Allí fuimos nuevamente con el Pipo y el flaco Barga, actual presidente de Napostá. Sin embargo al querer ingresar nos enteramos que no había más entradas a la venta, y eso que fuimos con una hora de anticipación. Parece que hubo una preventa pero no nos enteramos porque no tenemos (bueno, yo sí, pero no estoy usando) redes sociales. Gracias al tráfico de influencias del doctor Barga, Pipo pudo pasar y yo ejecuté el plan B que era ir a Noche Alucinante, el programa de mi querido Chacha, en Vorterix Bahía, y ver el partido por la transmisión de la ABB en youtube.
Cada vez que ponía el partido (encima tenía poca batería en el celular) Pacífico se acercaba a Napostá o le ganaba por dos puntos. Esto era peor que el anterior. Incluso en un momento, cuando termina el 3er cuarto, el verde le llevaba diez puntos de ventaja. Intenté concentrarme en la columna que debía realizar, en el programa, en el espacio compartido con amigos que, a fin de cuentas, también es lo que me trajo a pasar unos días en esta ciudad durante el receso de invierno.  Termino la columna, y con ello el programa, a las 23:00 e inmediatamente pongo el partido. Quedaban 25 segundos, Napostá arriba por tres, falta de Quiroga, el ejemplar pivot del Napo (de nuevo, medio extraña pero así lo dictaron los jueces). Mete 2 de 3. Napostá arriba por un punto. Dejan pasar tiempo, infracción intencional, dos tiros para Napostá, los dos afuera, el rebote ofensivo de Torres y también afuera, situación desesperante y muy precipitada. Corre Pacífico con la posesión, sólo un punto abajo y diez segundos en el reloj (y de local con la hinchada a pleno). Ataca por un costado y Guido Muzzi hace una de Rodman al taponear la pelota y los sueños de Pacífico de jugar la final, ya que sólo quedaban tres segundos, la posesión era de Napostá y se vieron forzados a hacer una falta técnica que les daba dos tiros y saque de media cancha.
Lamentablemente no pude estar en el estadio, pero al menos lo pude ver y vivir en tiempo real, rodeado de amigos y pasándola muy bien.

Veremos como sigue esto, por lo pronto se encontrarán, como decía, el próximo lunes. Pero si algo aprendí de simpatizar con Gimnasia Esgrima de La Plata es que se celebra el paso a paso, disfrutando del proceso y agradeciendo el ser parte y testigo de ello.


 

martes, 8 de julio de 2025

La Mortadela (mortaja) de Cronenberg

 Con ese nombre parece que estamos hablando de la película que dan en Canal 9 el sábado a las 4 de la tarde, pero es simplemente una traducción literal del título original The Shrouds, la última película de David Cronenberg. 
Si están de acuerdo con alimentar la creatividad con las emociones que transitamos, hacer catarsis con una obra, entonces podrán darle el visto bueno a este tributo que David le hace a su difunta esposa.
En la trama tenemos al tipo de Le Haine (Vincent Cassel) que es una suerte de Elon Musk pero su empresa es una mortaja (la vestidura que se les pone a los muertos para enterrarlos) que está conectada a una cámara y les permite ver a sus allegados el proceso de descomposición desde una pantalla que está en la tumba. Sí, suena horrible y disparatado, pero no voy a olvidar jamás cuando vi Antiviral, la película debut del hijo de David Conenberg, que ilustraba un mundo donde se vendían las enfermedades de las celebridades. En ese momento (2013-14?) me pareció muy disparatado, ¿Quién mierda iba a querer padecer algo semejante? Con los años vinieron los influencers y bueno, todo tenía mucho más sentido.
Entonces no me parece tan descabellado que nuestra manera de vincularnos a través de redes sociales, dicho así nomás pero para ir al grano, termine dando coherencia a esta propuesta: en un intento por aferrarnos a la idea que nuestros seres queridos aún permanecen, vamos al cementerio para ver su descomposición en pantalla. Ah el dato de color es que no sólo hay que ir al cementerio, también podemos verlo por una app desde nuestros dispositivos. 
Todo esto me parece una provocación hermosa de Cronenberg padre hacia nuestra dependencia de las apps. Como dijo Rebord hace poco "el celular es un vacío que ni siquiera tiene la cortesía de devolverte la mirada". En este sentido algo que valoro muchísimo de cualquier producción/creación/manifestación artística es que tenga una provocación. Es una manera de mover los pensamientos. Quizá lo que podemos decir de la peli a modo de reseña no lo haga, quizá la experiencia de verla tampoco. Pero ver a esta gente haciendo un negocio tan por la cara con la muerte, verlos en su expresión más superficial de un episodio tan trascendental, seguramente haga que tomemos una distancia para pensar nuestro lugar allí.
Juega con otras cosas también pero me parecía loable poner humanos con un dejo de perversión a través de las apps uso del celular, una casa de sepelios llevada al extremo de la ambición. Dato de color, si bien popularmente se conoce con otro nombre, Shroud es la palabra para hablar del Santo Sudario (The Shroud of Jesus). Creo que el título esconde algo también, esa manta que conserva su imagen y se vuelve prueba irrefutable de su existencia y producto de veneración. Conservar un ser querido en estos "shrouds" que vende la compañía puede ser una práctica de intenciones similares: sacralizar a quienes ya no están con nosotros en este plano. Aunque estoy convencido que más allá de este posible guiño poético, lo que más fuerza conseva para esta lectura es el dispositivo celular y nuestra relación con el mismo. 
Ah, una cosa más que pensaba mientras la veía, el posible diálogo entre las obras de Nicola Costantino y las películas de Cronenberg, caracterizadas en su mayoría por deformidades humanas y ese tipo de cosas. La serie de los pezones de Costantino o el jabón con su propia grasa podrían ser tranquilamente un personaje de Cronenberg. 
En fin, eso, peliculón.